20100518

Y llegó la presentación de Poner el Pecho !!..unas palabras, unas fotillos y demases !

El viernes 30 pasadas las 17 hs las palabras de Claudia López Swinyard en la presentación de Poner el Pecho 3 en la Feria del Libro nos llevaban a recorrer y ver los lugares y las sensaciones que cada uno de los pibes retrató...y que mejor que compartir algunos párrafos que Claudia nos brindó…
Como ustedes, estoy acá porque escribo. Y escribo porque me gusta correr el riesgo de decir cómo veo el mundo y, al mismo tiempo, dejarme ver por los lectores (…) Mientras leo pienso que todos los textos (los de esta publicación y los de los “escritores consagrados”) corren ese doble riesgo: el de mostrar el mundo y, al mismo tiempo, el de hacer que la persona que mira y escribe se haga visible. Como las ciudades de Calvino, como los sueños, como el terror de los cuentos y el de la vida diaria.
Poner el pecho III es una realidad que estamos festejando y es la afirmación de que construimos realidad con palabras. Palabras de todo tipo, como escribe otro Sergio, “palabras silenciosas, palabras malas, palabras livianas o palabras ensordecedoras”. En estos trenes donde “los policías pasan controlando que no pase nada”, sin embargo, Micaela hace visible al loco, a la tía con el cochecito y los bebés y Karen dice que “necesitaría alegría para no estar en la calle”. Poner el pecho, entonces, no sólo es un verso lúcido de Mariela sino una expresión que nos puede servir de antídoto a otra tan repetida como “es lo que hay”. No sé qué les sucede a ustedes, pero cada vez que escucho “y bueno, es lo que hay” siento que me están invitando a mi propio suicidio, a que resigne cualquier deseo (el de escribir, entre otros). Afortunadamente, esta tarde, para los que estamos aquí, “lo que hay” es esta publicación.
Mónica Quintana escribe: “Por la ventanilla del tren veo / a un niño jugando a la pelota / en un niño jugando a la pelota veo / cómo se divierte / en la diversión veo / una plaza…” Germán escribe y recuerda haber ido “a nadar a las lagunas de Dock Sud”, pescar sábalos, cirujear en la calle, escuchar algunos temas de la “Sole”. Germán ha visto a Batistuta y tiene una madre que lo abraza los viernes al salir de la escuela. Ignoro cómo es la risa de Mónica y nunca viajamos juntas en ese tren. Tampoco sé quién es o dónde está la mamá de Germán y no vimos juntos ningún capítulo de los Simpson. Sin embargo, sus palabras están acá frente a mis ojos y leyendo me acerco al tren, veo un muerto despanzurrado en una zanja cercana a la iglesia San Pedro o un ojo convertido en un bicho bolita. Este acercamiento, esta posibilidad de ver el mundo desde los ojos de otro es
, para mí, el sentido íntimo y social de la literatura. Mientras que muchos otros insisten en que “lo que hay” es una rutina de jóvenes muertos o asesinos, vagos o delincuentes, América Espinoza viaja a la Isla de Terranova con su abuelo y Lucas Ávila es testigo de un ritual con hierbas aromáticas y cruces en un pueblo del sur de España.”

Y mientras en la Sala Roberto Arlt,” lo que había” eran jóvenes inquietos y con ganas de compartir su arte con nosotros, de robarnos sonrisas con los números de clown de los pibes del elenco de teatro, de deleitarnos y transportarnos con música de los pueblos originarios a través de la orquesta de Retiro, de bailar y cantar hip hop con Estilo Barrio del Club Piletones. No había esa portada mediática con sangre y delincuencia juvenil que tanto daña y estigmatiza; que tanto vende… “Divide y reinarás”, vaya frase la que se me hace presente al escribir estas líneas…
Y Claudia continuaba con sus palabras “Todos los escritores de “Poner el pecho” enfrentan simultáneamente dos tormentas: la de sus vidas cotidianas y la de la página en blanco, ese “otro lugar” desde el cual decir o inventar quiénes somos, de qué estamos cansados y qué deseamos. Ambas tormentas se entrelazan siempre.”

Y todos los escritores de Poner el pecho son;
De Puentes Escolares, los pibes de la Casita de Chacarita; Micaela Acevedo, Mónica Quintana, Yanina Zárate, Florencia, Karen Pereyra. Del centro de apoyo posprimario; Miguel, Braian González, Germán Mierez, Axel Buezas. Del espacio de la Boca; Alejandra, Carlitos, Facundo, Fernanda, Micaela, Nicolás, Sabrina, Sebastián y Susana. De Santa Catalina; Marcos Torres, Ramón Alegre, Bety, Pablo, Cristián, Arnaldo André Mendoza y Brian Javier Barrancos. Del CAINA; María Florencia G, Luis P, Camila Alvares Brito y Cristian Amarilla.
De los clubes de Jóvenes; María, Carolina, Matías, Adrián, Sole, Jésica Almirón, Verónica, Hernán Barrios, Andrea Batista, Sofía, Emmanuel, Kevin, Nahuel, Hark, Iván, Daniela de Villa Riachuelo. Lucas Oliva del Lola Mora. Ariel Duarte, Franco Rojas, Pablo Maidana, Gastón Suarez, Eduardo Fernández, Lautaro Nahuel Quiroz, Alen Ruso, Kevin Morales Castañeda, Gastón Esteban Quiroz de San Cristóbal. Antú Tolaba de Retiro. Facundo de Belgrano-Nuñez. Alexis Miño y Joel Rivero de Carrillo. Héctor Ojeda, Alexis Isla, Sergio y Macarena de Patricios. Lucas Ávila y América Uyuquipa Espinoza del Centro de Escritura de Pompeya.
Los caligramas de Alejandra, Francisco y Luciano e Iván con su cuento japonés del Club Callao. Las historietas de David del Club de Jóvenes Carrillo y Camila Condori del Club de Jóvenes Fátima y de Hernán del Centro Educativo Arancibia, de Juan Manuel, Fabián Jeandet y Facundo Salazar del Club de Jóvenes Balvanera


“A dónde va todo esto que escribo, quién lo leerá, para qué lo hago, son preguntas que acompañan la angustia pero también la euforia del que escribe”, se pregunta Claudia López. Y comparte con nosotros , “guardo para mí algunos tesoros como “te quiero con toda la furia de la lluvia” o “En Egipto había una momia a la que le gustaba el perfume de mariposas”. Me dieron la posibilidad de esta escritura, de no saber cómo se lee un poema con letras verticales, de recordar el escalofrío que sentía cuando leía cuentos de terror. Volví a los trenes de la línea Sarmiento en los que hace años no subía”…




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